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La cuaresma y su simbología

A partir del miércoles de ceniza -14 de febrero 2018- y hasta la Semana Santa, el mundo cristiano entra en el período llamado cuaresma.
Del latín quadragésima, es el lapso del tiempo litúrgico (calendario cristiano) destinado por la iglesia católica, la ortodoxa y la anglicana, además de ciertas iglesias evangélicas, para la preparación de la fiesta de Pascua.

Aunque cada iglesia tiene inicios y duraciones distintas, normalmente el lapso de cuarenta días comienza el miércoles de ceniza, día en el cual -luego del desenfreno energético del lunes y martes de carnaval-  se utiliza la ceniza como símbolo de arrepentimiento.


La ceniza tiene su significado. Es una forma de mostrar luto y penitencia públicamente. Suele ir unida al polvo y al fango, indicando siempre una situación penosa y triste. En épocas antiguas se utilizaba como una figura o aplicación a la brevedad y limitación de la vida. También se utilizó como un término simbólico, que representa la vanidad del hombre. 


Ello explica porqué el miércoles de ceniza se realiza el gesto simbólico de la imposición de ceniza en la frente de los fieles. La ceniza representa la destrucción de los errores del año anterior al ser éstos quemados.

La cuaresma termina justo antes de la "Misa de la Cena del Señor" en la tarde del Jueves Santo. La duración de cuarenta días proviene de varias referencias bíblicas y simboliza la prueba por la que pasó Jesús al vivir durante 40 días en el desierto, previo a su misión pública. 


El número 40 también es simbólico:  40 días duró el diluvio, 40 años fue el tiempo de la marcha del pueblo israelita por el desierto y 400 años duró la estancia de los judíos en Egipto. 


En Egipto los Faraones eran enterrados 40 días después de su muerte, ese tiempo estaba consagrado a la preparación del difunto para el "Viaje". El alma necesitaba 40 días para la separarse definitivamente de los 3 componentes del ser: cuerpo, alma, espíritu.

Durante 40 días Buda ayunó antes de comenzar su apostolado. En el Islam el número 40 también es importante

  • 40 compañeros.
  • 40 perfectos.
  • El Universo está sostenido por 40 pilares.
  • 40 columnas soportan la cúpula de la Mezquita de Omar en Jerusalén.
  • En la Edad Media, los musulmanes se depilaban las axilas cada 40 días.
  • En la lengua Persa y Turca al gusano "mil patas" lo llaman "40 patas".
  • No olvidemos el cuento de "Alí Baba y los 40 ladrones".   


Durante esos 40 días, Jesús, ya con la personalidad crística incorporada, fue transportado por el espíritu al desierto, que representa esa tierra sin cultivar que une la personalidad sagrada a la profana, que va del mundo estructurado y material a la región de la Gracia y del Amor. Es una tierra que debe ser cultivada.  



Dice el apóstol Marcos que estaba con las bestias salvajes, las cuales simbolizan a nuestros instintos y las bajas pasiones que deben ser dominados. Es por eso que a lo largo del tiempo de cuaresma, los cristianos son llamados a reforzar su fe mediante diversos actos de reflexión. 

La cuaresma tiene cinco domingos más el Domingo de Ramos (seis en total), en cuyas lecturas los temas de la conversión, el pecado, la penitencia y el perdón, son dominantes. No es un tiempo triste, sino más bien meditativo y de recogimiento. 

El color litúrgico asociado al  período de la cuaresma es el morado, ligado al duelo, la penitencia y el sacrificio a excepción del cuarto domingo, cuando se usa el color rosa;  y el Domingo de Ramos en el el cual se usa el color rojo, referido a la Pasión del Señor.




Al final de su ayuno, Jesús es sometido a las tentaciones del demonio. Recibe la visita del tentador que lo somete a tres tentaciones, una para el cuerpo físico, otra para el cuerpo de deseos (emocional) y la tercera para el mental. 

La primera se refería al hambre. Después de cuarenta días sin comer, el tentador le sugirió que convirtiera las piedras en pan.



Esta es una prueba que un día u otro ha de presentarse al discípulo: la utilización de sus poderes en su provecho personal. Esa voz interna será acompañada de todas las sutilezas requeridas, a fin de que el discípulo considere justificadas sus proposiciones. 

La segunda tentación se refiere a su naturaleza emotiva. El tentador lo transporta a lo alto de la torre del templo de Jerusalén y lo invita a que se arroje de ella, asegurando que los ángeles acudirían a sostenerle. Con ello, lo estaba invitando a que hiciera una demostración pública de sus poderes, a fin de que hiciera ver a todos que era un ser fuera de serie y le obedecieran, no por una doctrina y por una actitud coherente con ella, sino por el fenómeno que habían observado.

Esa tentación también la la sufren muchos de aquellos que incursionan en el mundo espiritual. Muchos se hacen llamar maestros porque dicen haber sido contactados por los extraterrestres, o recibido una misión de un santo, de la Virgen o del mismo Cristo, o aún pretenden ser su reencarnación o la de personajes ilustrísimos. Otros fían su maestría en el psiquismo y ceden a la tentación de adquirir prestigio mundano a base de producir fenómenos ante las multitudes asombradas. 


La auténtica espiritualidad no se manifiesta de esta forma, sino mediante una vida discreta y una obra útil a los demás.

La tercera tentación va dirigida al cuerpo mental. El tentador transporta a Jesús a una montaña muy elevada, desde la cual pueden verse todos los reinos del mundo y se los ofrece si acepta adorarlo.

Es la prueba del orgullo. El conocimiento aísla, aparta al adepto del mundo y son muchos los que buscan la alta montaña que ponga tierra por medio entre ellos y los demás, buscando un saber cada vez más intenso, escalando así una montaña más y más elevada, en lugar de transmitir sus conocimientos a los que viven a niveles inferiores (en comprensión) al suyo. 


La aparición del tentador representa un episodio que todo candidato debe ineludiblemente vivir, pues en la búsqueda de elevarse hacia los mundos superiores, el aspirante entra en contacto consciente con el Mundo del Deseo (plano astral), iniciando esa relación, como es natural, por las zonas más bajas. 

Se encontrará entonces a merced de las entidades de ese plano y tales anfitriones harán lo posible para que el huésped se quede y no “suba” más arriba. Le harán ver todas las ventajas que ofrece su mundo y atacan siempre por la vertiente más débil, presentando las pruebas en las que más fácilmente podemos sucumbir.

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Habiendo superado las pruebas, nos dice el texto sagrado, el demonio se retiró y aparecieron los ángeles para servir a Jesús. Este episodio nos refiere el siguiente paso.  Si en el camino de ascenso a los mundos espirituales debemos efectuar un tránsito obligatorio por las regiones inferiores del Mundo del Deseo (bajo astral), y sabemos no detenernos allí, el próximo paso nos conducirá a las regiones superiores de dicho mundo (astral superior), donde residen los ángeles. Allí nos encontraremos ya en seguridad. 


Jesús tuvo que vivir todos estos episodios, porque este es el itinerario obligado para aquellos que emprenden el camino de la ascensión, que va de lo humano a lo divino, o sea de la naturaleza de Jesús-hombre a la de Jesús-Cristo.

Qué hacer en la cuaresma

Toda la simbología asociada a la cuaresma muestra el trabajo a seguir por todo aspirante espiritual en su proceso evolutivo, por lo que este lapso de 40 días es el más indicado para iniciar procesos que nos permitan no sólo la reflexión sino la depuración de los cuerpos de la personalidad (físico-etérico, emocional y mental) en aras de alinearse con los cuerpos superiores (causal, búdico y atmico).


Esto aclara porqué muchas de las herramientas idóneas para esta época ya estén indicadas por la mayoría de las religiones, como es el caso del ayuno (limpieza del cuerpo físico), la penitencia y las oraciones (emocional), junto al retiro espiritual y la reflexión a través de las lecturas (mental).

En una perspectiva más amplia, son recomendables otras técnicas para el cuerpo emocional y el mental: ejercicios y meditaciones del perdón, técnica de liberación emocional (EFT), ejercicios para cambiar emociones y creencias, y ejercicios para la disolución de egrégores o formas de pensamiento, entre otros.

El trabajo durante todo este período ha de preparar, en definitiva, para la recepción de la energía crística, misma que descendió a este planeta gracias a la misión de Jesús a través de su sacrificio. Ese descenso se repite cada período de Pascua o Semana Santa.
 

Fuentes consultadas: http://nuevosarquetipos.blogspot.com