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24 de junio: el Día de San Juan Bautista y su simbología


En todas las culturas, tanto en la nuestra como en las ancestrales, las dos fiestas más importantes son la que corresponden al solsticio de invierno (el día más corto, la noche más larga) y el de verano (el día más largo, la noche más corta). 

La primera festividad coincide en nuestra cultura con la Navidad,  en el mes de diciembre. La segunda, que es este mes de junio en nuestra sociedad cristiana coincide con la festividad de San Juan Bautista. Ambas celebraciones coinciden con el momento en que la energía solar es más fuerte o más débil luego del solsticio. 


Y ¿por qué precisamente se celebra a San Juan celebrarlo en una fecha tan especial?  De todos es sabido que San Juan Bautista fue “el precursor” de Jesucristo y de su mensaje, aunque por sí mismo, en sus palabras, ya habían motivos para que se le preste atención. 

De ahí las celebraciones del 25 de diciembre y el 24 de junio. Una ligada una a la entrada de energía crística y la otra al preludio de la manifestación de esa energía. 

La Noche de San Juan debe su nombre al Bautista.  Éste fue, según la tradición cristiana, el primo de Jesús.  Profeta del Reino de Dios, clamaba en el desierto a todos los hombres para que se prepararan adecuadamente para recibir a Aquél que tenía que venir, a Aquél al que el propio Juan no era digno de atarle ni tan siquiera las sandalias (Mt. 3, 7-11, Jn 1, 24-28).  

El que da nombre a las celebraciones del 24 de junio es el que prepara el camino del Señor, el que endereza sus sendas (Mt. 3, 1-3).  El Bautista tenía conciencia, pues, de su vocación de “preparador”.  Él no era la luz pero vino a dar testimonio de la luz (Jn 1, 8).  Como la luna, reflejaba la auténtica luz, la hacía visible, aunque ésta no partía de él. 

Cuando Cristo se cruza en la vida del Bautista, éste actúa como la luna ante la llegada de un nuevo sol (Lc 1, 78), ocultándose, dejándole el espacio que hasta ese momento había ocupado…  Juan, que había ofrecido algo de luz en medio de la oscuridad, no duda que es preciso que Cristo crezca y él disminuya (Jn. 2, 22-30) porque Jesús trae fuego al mundo para que éste arda, para llenarlo todo con su luz y calor, con una comprensión y amor que dan Vida…

Esta reacción de Juan el Bautista nos ofrece la primera clave para comprender la relación existente entre su figura y la fecha del solsticio de verano, el día más largo del año a partir del cual el sol se irá retirando cada jornada un poco antes.  

Si Juan estaba -cuando se cruzó con Jesús- en el momento álgido de su predicación y reconocimiento,  a partir de ese instante su gloria se irá apagando, poco a poco, hasta terminar muriendo decapitado en la oscuridad de una prisión.  

El hombre más grande nacido de mujer (así llamó Jesús a su primo según Mt. 11, 11 y Lc. 7,28)  debe desaparecer para dejar su lugar al Dios hecho hombre, ad maiorem Dei gloriam.

Orígenes paganos


Es necesario recordar que la celebración cristiana se ha mezclado con la pagana, más antigua. En sus orígenes, la víspera de San Juan era una fiesta pagana para celebrar la llegada del solsticio de verano, conocido como litha

Litha significa ‘fuego’, y representa la abundancia, la renovación, el fin de la oscuridad y el poder de la luz. No es de extrañar, entonces, que el rito principal fuese encender una hoguera con el objetivo de dar fuerza al sol, ya que a partir de esa fecha los días se acortan y la presencia del astro es cada vez menor. Puesto que el fuego se asocia a la pureza, eran muchos los que se atrevían a saltar las hogueras creyendo en su poder para curar una enfermedad, concebir una criatura, casarse o dejar atrás todo lo malo.

Lo místico también tiene su influencia y se cree que durante la víspera de San Juan los elementos de la Tierra cobran un poder especial. Por ejemplo, se considera que las plantas multiplican su efecto terapéutico y que bañarse en el mar garantiza buena salud durante todo el año. Así, lo que empezó como un simple culto al verano se ha convertido en una noche de conjuros para atraer el amor o incluso vislumbrar el futuro. 

Lo que ocurre realmente podemos asociarlo a la apertura de un portal dimensional entre el 23 y 24 de junio. tal como ocurre en la víspera de navidad del 24 al 25 de diciembre.



Fuentes consultadas: www.espiritualidadpractica.org/  www.quimmunoz.com/

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