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16 de septiembre: San Cipriano, el brujo que se convirtió en Santo



San Cipriano es el santo patrono de los magos, de los hechiceros y de las brujas, y su nombre estuvo vinculado a numerosas practicas mágicas, tanto conjuros como oraciones, como atestigua la famosa Oración de San Cipriano, y que vale para protegerse de maleficios de cualquier tipo.

Pide a Dios por su intercesión,  protección contra el mal.

Antes de convertirse al cristianismo era un mago de gran conocimiento esotérico que plasmo en varios libros. Este santo que vivió en el S. III D.C. (no tiene nada que ver con San Cipriano, Obispo de Cártago, con el que a menudo es confundido).

San Cipriano nació de padres idolatras y poseedores de grandes riquezas quienes lo destinaron por sus cualidades, al culto de los falsos dioses. Fue hombre de gran cultura, viajo mucho (por Grecia, Egipto, la India y Caldea) y llego a ser un profundo conocedor de las artes mágicas. 

A los treinta años se convierte al cristianismo, gracias a la predicación de Antipo, Obispo de Antioquía a causa de un episodio que le ocurrió donde intento subyugar a una joven para que se casara con un joven llamado Aglaide  a quien había rechazado por estar consagrada a Jesucristo. Todos sus hechizos fracasan y entonces Cipriano invoca a Lucifer para que le diga por que son inútiles todos los sortilegios que hace a Justina, y Lucifer le responde que el Dios de los cristianos es el señor de todo lo creado, estando él también sujeto a su poder, de forma que no podía hacer nada contra quien hiciese el signo de la Cruz.

Entonces San Cipriano renegó de sus prácticas y se convirtió al cristianismo, abandonando la práctica de la magia, no sin antes, según la tradición popular, recoger en un libro todos sus conocimientos mágicos. 

El 14 de septiembre de 258 fue apresado por el procónsul Galerio. Al día siguiente fue examinado por última vez y sentenciado a morir por la espada. Su única respuesta fue «¡Gracias a Dios!». La ejecución tuvo lugar cerca de la ciudad. Una gran multitud siguió a Cipriano en su último día. Se quitó sus prendas sin asistencia, se arrodilló, y rezó. Tras vendarse los ojos fue decapitado.

El cuerpo fue enterrado por cristianos cerca del lugar de la ejecución y sobre él, así como en el lugar de su muerte, se construyeron más tarde iglesias, que, sin embargo, fueron destruidas por los vándalos. Se dice que Carlomagno trasladó los huesos a Francia, y en Lion, Arles, Venecia, Compiegne y Roenay aseguran que poseen reliquias del mártir.



Fuentes consultadas: https://www.canalizandoluz.es/calendario/

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